Son tres las estrategias básicas de prevención de la demanda de drogas, y una de ellas es la formación.
Aunque la familia y la escuela son las dos instituciones educativas básicas, cualquier adulto que entra en contacto con un adolescente o con un joven se convierte, consciente o inconscientemente, en una referencia para ellos y, por consiguiente, tiene un papel de educador.
Todos podemos ayudar a los adolescentes y a los jóvenes a desarrollar sus capacidades personales. Se trata de contribuir a su desarrollo como personas libres, autónomas y responsables, ayudándoles a construir un estilo de vida saludable, tanto en sus aspectos físicos (preocupación y cuidado de su organismo) y psíquicos (desarrollo equilibrado de su personalidad) como en sus aspectos sociales (capacidad de relacionarse con los demás y de integrarse de forma positiva y constructiva en la sociedad en la que viven).












